José López Guillén nació en Almuñécar (Granada) en 1850. Era el primogénito de los tres hijos del matrimonio entre José López y Josefa Guillén. A los 13 años quedó huérfano de padre, por lo que tuvo que asumir la responsabilidad de sacar adelante a su familia. Entonces se trasladó a Algeciras (Cádiz) para trabajar en unos almacenes de coloniales. Al parecer, tuvo que abandonarlos poco tiempo después amenazado por un proveedor, al descubrir que éste introducía piedras en los sacos de azúcar para aumentar su peso. Tras una breve estancia en su ciudad natal se instaló definitivamente en Almería con 19 años. En esta ciudad empezó a trabajar en una tienda de tejidos situada en la calle Real, entre las actuales calles Infanta y Eduardo Pérez, propiedad de un tal señor Babiloni. Allí estuvo durante apenas un par de años, en los que pasó de empleado a socio. Cuando el propietario del establecimiento falleció, José López Guillén aprovechó la liquidación que le correspondía para establecerse por su cuenta. Hacia 1880 se introdujo de lleno en el negocio de exportación de la uva de mesa almeriense, combinando la fabricación de barriles para su envase con la venta de uva en los mercados extranjeros por cuenta de los cosecheros.
El puerto de Almería empezó a cobrar protagonismo como plaza exportadora de uva en la segunda mitad del XIX. En los años ochenta de la centuria la exportación de la uva almeriense conoció su primera gran expansión, inmediatamente anterior al ataque de la filoxera. Los maestros barrileros, buena parte de ellos de origen malagueño, comenzaron a instalarse en la provincia para responder a las necesidades de un negocio en clara expansión. En este contexto, hacia 1880 prácticamente cada municipio uvero contaba con un taller de barrilería propio. Es entonces cuando López Guillén comenzó a dedicarse a la fabricación de barriles en la ciudad de Almería.
Paralelamente, López Guillén actuó como consignatario de las casas fruteras extranjeras en la provincia. Durante buena parte del siglo XIX las compras se habían hecho en origen: el comerciante llegaba a la parcela, pagaba el fruto a pie de parra y se encargaba de recolectarlo, envasarlo y enviarlo a los mercados exteriores. Sin embargo, ante una oferta creciente, los productores se vieron obligados a remitir por su cuenta los barriles que producían, asumiendo en solitario el riesgo de la operación comercial y los gastos de cosecha y transporte. Esto supuso un endeudamiento considerable de los parraleros, que tuvieron que recurrir para sacar adelante sus cosechas a los anticipos que las casas fruteras les hacían llegar, por medio de los consignatarios, contra la entrega de la cosecha. De este modo, el consignatario de uvas fue algo más que un mero intermediario, convirtiéndose en el único vehículo de financiación disponible para los parraleros.
Al margen de su actividad empresarial, López Guillén, de ideas liberales y mentalidad abierta, se confesaba seguidor de la opción republicana encabezada por Segismundo Moret a nivel nacional. Su gran prestigio personal y profesional le llevó a ocupar distintos cargos institucionales en la Almería de la Restauración. Fue concejal del Ayuntamiento de Almería, presidente del Círculo Mercantil de la capital y de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación en varias ocasiones (de 1899 a 1904 y de 1912 a 1914, ocupando desde entonces la presidencia honoraria hasta su muerte). Igualmente, ocupó la vicepresidencia del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Almería, siendo consejero de este desde su fundación en 1900 hasta 1925, como también lo fue de la sucursal almeriense del Banco de España.
José López Guillén dio abundantes muestras de sus inquietudes sociales y su compromiso con la ciudad que lo acogió. Participó activamente, junto con otras personalidades republicanas de la provincia como Mariano Cebrián, en la fundación del Patronato de la Tienda Asilo de Almería en 1886. Se trataba de la culminación de un proyecto inspirado en las opiniones vertidas por Segismundo Moret, ministro de Estado por entonces, sobre la problemática social en el diario madrileño El Imparcial. La Tienda Asilo, cuyo Patronato también presidió López Guillén, desempeñó un papel significativo en la mejora de la alimentación y la calidad de vida de los sectores sociales más necesitados en el cambio de siglo.
Posteriormente, y en colaboración con el conocido farmacéutico Juan Vivas Pérez, promovió entre los comerciantes almerienses una campaña con objeto de recaudar fondos con los que construir un Manicomio que acogiera a los enfermos mentales de la provincia. Una vez terminado, fue puesto al cuidado de los Hermanos de San Juan de Dios, primero, y de las Hermanas de la Caridad después, hasta que finalmente pasó a ser gestionado por la Diputación Provincial.
Curiosamente, un empresario reconocido como José López Guillén presidió el entierro del fundador de la Unión General de Trabajadores en Almería, Francisco Godoy Calvo, un maestro barrilero que había entrado a trabajar como jefe de sus talleres en 1894. Godoy definió a López Guillén como un hombre de convicciones democráticas, excepcional «por su elevado concepto de la moral y por su recta conciencia», llegando incluso a decir que difícilmente «yo pudiera haber encontrado otro jefe como él».
López Guillén contrajo matrimonio con María del Rosario Quesada García, con la que tuvo cinco hijos, dos varones (José y Eduardo) y tres mujeres. El carácter pionero y emprendedor de José López Guillén se refleja también en su vida familiar. Con apenas once años envió a su hijo José a Inglaterra para cursar la enseñanza secundaria en un colegio dependiente de la Universidad de Oxford. Tras cursar la carrera de Comercio amplió estudios en Francia y Alemania. Por su parte, Eduardo López Quesada, acompañó a su hermano a Inglaterra con nueve años para cursar estudios en el mismo colegio y, posteriormente, Ingeniería Industrial. El vínculo entre Almería e Inglaterra se había forjado a lo largo de todo el siglo XIX a través de décadas de intercambio comercial fluido, hasta tal punto que los parraleros de la provincia se habían habituado a pensar en chelines.
Tras medio siglo de actividad empresarial ligada al negocio uvero, José López Guillén falleció en la ciudad de Almería el 21 de agosto de 1927. El negocio pasó entonces a manos de su viuda, Rosario Quesada, y de sus hijos, encargándose de la dirección José y Eduardo López Quesada.