La figura de Francisco Salmerón quedó eclipsada por la trayectoria política e intelectual de su hermano Nicolás, sobre todo desde que este alcanzó la presidencia de la República. Ambos hermanos estuvieron en la defensa de la democracia, Francisco en el campo monárquico y Nicolás en el republicano.
Francisco, segundo hijo de la familia de Nicolás Salmerón López y Rosalía Alonso García, nació en Torrejón de Ardoz en 1822. La familia se había tenido que trasladar desde su Alhama la Seca (Almería) cuando su padre apoyó la insurrección de los coloraos en la Década Ominosa. Conoció desde bien pequeño las ausencias de su padre, exiliado en Portugal por defender las ideas liberales. Las estrecheces económicas familiares le llevaron a estudiar Humanidades y Filosofía en el Seminario Conciliar de Almería. Inició los estudios de Derecho en la Universidad de Granada en 1842 y terminó la carrera en la Universidad Central de Madrid en 1846. La tradición liberal progresista que había vivido en su familia empezó a cualificarse en sus años universitarios con una clara orientación democrática, oponiéndose a que sus compañeros de curso nombrasen un representante para la comisión que debía felicitar a María Cristina por su regreso a España en 1844.
Francisco Salmerón fue, fundamentalmente, un hombre de acción, de barricada y de periódico. En el Madrid de esos años se le conoció por ser un gran orador, un hombre del periodismo y un joven político progresista de izquierdas. Ingresó en el Colegio de Abogados en 1847, se mostró contrario a la pena de muerte y un defensor apologético del establecimiento del Jurado, propuestas que ya aparecían en el programa republicano de 1840. Defendió a los republicanos encarcelados por la revuelta madrileña de 1848, al demócrata Juan Martínez Villergas, procesado por supuestas injurias y calumnias proferidas en su Paralelo de la vida militar de Espartero y Narváez, y salvó a muchos reos de la pena capital. Cosechó notoriedad de pensador y buen polemista en las discusiones sobre la forma de gobierno, la crítica al socialismo o en sus estudios sobre la filosofía del Derecho, gracias a su colaboración y participación en la redacción de periódicos y revistas madrileños como “La Restauración” (1846), “Revista Científica y Literaria” (1847), “La Academia”, “Revista Jurídica”, “El Mensajero de los Tribunales”, “El Notariado”, y “La Reforma” (1852).
Tomó parte activa en la revuelta del 28 de marzo de 1848 en Madrid cuando, al calor de la revolución democrática del 48 en Francia, un grupo de jóvenes progresistas de izquierda en conjunción con demócratas-republicanos pretendieron infructuosamente hacer caer el gobierno moderado de Narváez. “En los sucesos de 1848 – escribió Rodríguez Solís - empuñó el fusil y mostró que la democracia contaba con él, con el hombre de la pluma y la espada”. A partir de ahí estuvo en la trama civil madrileña que conspiró contra los moderados en la antesala de la revolución de 1854. Fue hecho prisionero el 5 de febrero de 1854 por ser miembro del comité revolucionario de Madrid y conducido a la cárcel del Saladero, en la que estuvo cuarenta y seis días. Formó parte de la Junta Revolucionaria madrileña de julio de 1854 y participó activamente en las barricadas. Triunfante la revolución, los progresistas almerienses le propusieron formar parte de la candidatura a diputados a Cortes Constituyentes por Almería.
Se había abandonado el sistema moderado de distritos y la provincia pasó a ser de nuevo circunscripción electoral. Ante el retraimiento de los moderados los candidatos progresistas coparon los cinco escaños de la circunscripción. Francisco Salmerón fue elegido diputado a Cortes Constituyentes junto a la plana mayor del progresismo provincial, Ramón Orozco Gerez, presidente del partido progresista, Juan Miguel del Arenal, miembro de la Junta Revolucionaria de Almería, Laureano de los Llanos, comandante de la Milicia Nacional y Juan Antonio Orozco Baños. De entre ellos Francisco obtuvo el apoyo de los demócratas almerienses que veían en él un firme defensor de sus ideas.
Tras la contrarrevolución de julio de 1856 se consagró por un tiempo a su bufete. Amigo apasionado de Espartero en todos los tiempos, llegó a escribir una biografía bajo el título “Historia militar y política del Sermo. Sr. D. Baldomero Espartero”- trabajó en la reorganización del partido progresista que, habiendo acordado el retraimiento (1858) sólo para las elecciones de diputados a Cortes, no impidió que Salmerón fuera elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid y recibiera el nombramiento de teniente de alcalde. A su vez sus amigos almerienses le hacían presidente de honor del partido progresista del distrito almeriense de Canjáyar en los años sesenta. Hasta 1868 continuó siendo una de las primeras figuras de la izquierda del partido progresista y siguió defendiendo los principios democráticos desde las columnas de “El Universal”, periódico madrileño nacido el 30 de diciembre de 1867. Si su hermano Nicolás estaba en el comité democrático de Madrid y por ello fue encarcelado en la prisión del Saladero en 1867, Francisco estaba también en la conspiración con los progresistas.
Al secundar Madrid, en septiembre de 1868, la revolución iniciada en Cádiz, Francisco Salmerón fue elegido vicepresidente de la Junta Revolucionaria del distrito de la Audiencia, al que luego representó en la Junta Revolucionaria de Madrid. En ella presentó e hizo aprobar una declaración de derechos, en la que plasmaba su ideal democrático al defender el sufragio universal, la libertad de cultos, la libertad de enseñanza, la de reunión y asociación, la descentralización administrativa, el juicio por jurados en materia criminal, la unidad de fueros, la inamovilidad judicial, la seguridad individual, la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia y la abolición de la pena de muerte.
Los progresistas almerienses, especialmente los de Canjáyar, distrito en el que estaba enclavado su pueblo natal, le reclamaron para representarles en las elecciones a Cortes Constituyentes que se convocaron para enero de 1869. En esta ocasión los republicanos de Almería optaron por su hermano Nicolás, más decantado por el republicanismo. Ambos hermanos, con opciones democráticas diferentes, se enfrentaron en las elecciones. Francisco formó parte de la candidatura de coalición gubernamental democrático monárquica que ganó las elecciones a diputados a Cortes en la circunscripción de Almería mientras que Nicolás no logró el escaño.
Francisco Salmerón no volvió a representar en las Cortes a Almería hasta las elecciones de agosto de 1872 con Manuel Ruiz Zorrilla al frente del Gobierno. Desde las elecciones de 1871 se había vuelto al sistema de distritos y Francisco Salmerón se presentó como radical por el de Canjáyar, su zona natal, donde obtuvo el acta de diputado en pugna con el conservador sagastino Bernardo Toro y Moya. Profesaba abiertamente ideas republicanas unitarias en esos momentos y desde esas Cortes participó activamente en la llegada de la República, cuando Amadeo de Saboya presentó su renuncia y el gobierno de Ruiz Zorrilla dimitió. Junto a Pi y Margall, su hermano Nicolás, Lagunero, Figueras, Moliní y Fernández de las Cuevas firmó la proposición que, aprobada por 258 votos contra 32, dio paso a la República en España el 11 de febrero de 1873. Nicolás como republicano y Francisco como radical formaron parte del primer gobierno republicano, el primero al frente del Ministerio de Gracia y Justicia y el segundo al frente del Ministerio de Ultramar.
Trece días estuvo Francisco Salmerón en el Gobierno, el enfrentamiento entre radicales, partidarios de la República unitaria y mayoritario en Cortes, con los republicanos, provocó que el segundo gabinete de Figueras estuviera compuesto por un grupo homogéneo de republicanos, con la excepción de los ministros de Guerra y Marina. La confrontación entre radicales y republicanos en las Cortes duró hasta el 24 de abril y Francisco Salmerón desempeñó un papel destacado al ser elegido presidente de las mismas tras la dimisión de Cristino Martos el 19 de marzo, y presidir la Comisión Permanente a partir de la disolución de las Cortes el 22 de marzo de 1873.
Ante la convocatoria a elecciones un centenar de representantes radicales decidieron constituir un partido republicano unitario para acudir a las urnas. Eligieron una Junta Directiva que presidió Francisco Salmerón y estuvo integrada por Figuerola, Martos, Becerra, Echegaray, el general Izquierdo, Mosquera, Beranger y el marqués de Sardoal. Su esperanza era un golpe de fuerza pues estaban con ellos la mayoría de los generales del ejército. Los radicales se hicieron fuertes en la Comisión Permanente frente al Gobierno republicano y Francisco Salmerón como presidente participó activamente negándose a levantar la sesión el día 23 de abril, cuando se estaba produciendo la insurrección de los radicales en Madrid. La Comisión Permanente fue disuelta por Pi y Margall el 24 de abril de 1873 por haber contribuido a provocar el conflicto y haber tratado de usurpar las atribuciones del poder Ejecutivo de la República. Se consumó el giro de la República a la izquierda. Los radicales integrantes de la disuelta Comisión Permanente lanzaron un manifiesto de protesta, decidieron el retraimiento electoral y algunos de ellos marcharon al exilio.
Francisco Salmerón se quedó en Madrid y decidió salir del retraimiento cuando se produjo el levantamiento cantonal. En octubre de 1873 lo encontramos en Almería presidiendo una Junta de Defensa, constituida ante la amenaza de una nueva incursión de los cantonales de Cartagena a la ciudad de Almería, e integrada por personalidades de un amplio espectro de la vida política provincial que iban desde federales a alfonsinos. En los primeros años del reinado de Alfonso XII se mantuvo vinculado a las posiciones de Ruiz Zorrilla, con él entró en las conspiraciones y llegó a ser su representante en la capital de España. Murió en Madrid en 1878.
Elecciones y actividad parlamentaria
Elegido diputado por primera vez en 1854, se encuadra en el ala izquierda del progresismo fue uno de los más destacados “progresistas puros” que hicieron cuerpo con la compacta y animosa minoría demócrata – dirigida por José María Orense y Nicolás María Rivero - en la mayor parte de los debates de las Cortes Constituyentes, salvo en la votación de condena de Isabel II y su dinastía. Participó en múltiples comisiones, defendió la libertad de cultos, la libertad de imprenta, se manifestó contra el proyecto de bases de ley del gobierno de las diputaciones y ayuntamientos e intervino en múltiples ocasiones en el Congreso hasta el punto que fue uno de los diputados que más discursos pronunció si se exceptúa al demócrata José María Orense. Como remate de aquella intensa legislatura animó a la rebeldía del Congreso de los Diputados contra el gobierno de O’Donnell al ser uno de los firmantes, el 14 de julio de 1856, junto a Madoz, Sagasta y Calvo Asensio, de la proposición que decía: “Pedimos a las Cortes se sirvan acordar que el Gabinete nuevamente constituido no merece su confianza”. Aprobada casi por unanimidad la proposición, las Cortes Constituyentes serían cerradas definitivamente el 3 de septiembre de 1856. En este contexto político llegó su hermano Nicolás a Madrid a vivir en su domicilio de la Plaza del Progreso nº13.
Tras ser elegido diputado de nuevo en 1869 por la circunscripción de Tíjola, Francisco se vinculó al grupo independiente de “progresistas puros” en las Cortes Constituyentes de 1869 y su comportamiento y actitudes en el Congreso de Diputados no gustaron a sus compañeros almerienses de coalición, siendo duramente criticadas por Francisco Jover y Berruezo, diputado almeriense de la coalición gubernamental procedente del unionismo, que en una carta dirigida a su mujer escribía: “Tu pariente Paco Salmerón se ha marchado a la oposición. Este desdichado no sabe nunca lo que suponen ciertas condiciones para que un hombre sea decente”.
Como hombre del partido progresista, Francisco Salmerón votó por la forma monárquica pero, en coherencia con sus principios democráticos, criticó las excesivas atribuciones conferidas por la Constitución al Monarca y, sobre todo, que éste no fuera elegido por sufragio universal. Su posicionamiento político había quedado claro en su primera intervención en las Constituyentes “Tengo por dogma el partido progresista, tengo mi punto de apoyo en la democracia y mi aspiración infinita en la República Federal”. Aceptada la forma monárquica, Francisco Salmerón propuso que los reyes nacieran del plebiscito popular si se extinguía o expulsaba la nueva dinastía llamada a la posesión de la corona. Sus propios compañeros de partido se encargaron de rechazar tal proposición. En todo caso, su hostilidad y también la del diputado por Huércal-Overa, Jacinto M.ª Anglada respecto a la dinastía borbónica quedó de manifiesto al apoyar con los republicanos la proposición de Castelar —que no llegó a prosperar— para que se declarase inhabilitada a la familia de Borbón para reinar en España.
La fidelidad de Francisco Salmerón a Espartero le llevó a visitarlo infructuosamente en Logroño y votarlo para Rey de España, en tanto que el resto de los diputados almerienses Carrillo de Albornoz, Francisco Jover, Ramón Orozco, Jacinto María Anglada y Giménez de Molina votaron por el Duque de Aosta y Bernardo Toro y Moya lo hizo por el Duque de Montpensier. Después reconoció a Amadeo de Saboya, cumpliendo así su promesa de que acataría la voluntad de la soberanía nacional.
Entre las enmiendas de carácter democrático propuestas por Francisco Salmerón al proyecto de Constitución se destacan la abolición de la pena de muerte —presente en la mayor parte de Manifiestos y proclamas de las Juntas—, la abolición de la esclavitud, el juicio por jurados en toda clase de delitos y la formación del Cuerpo de Voluntarios de la Libertad en cada provincia. Partidario de una sola Cámara legislativa, al prever que se admitirían definitivamente las dos Cámaras, pretendió hacer democrático el Senado, y propuso, sin éxito, que los senadores fueran elegidos del mismo modo y por los mismos electores que los diputados a Cortes.