Ernesto Pedalino fue un creador que, tras una exitosa carrera en el diseño gráfico y la publicidad, encontró en la localidad almeriense de Carboneras su lugar en el mundo. Allí se implicó en la vida cultural, desarrolló su faceta artística y tejió una valiosa red de amistades.
Nacido en Mar del Plata en 1940, se trasladó a Madrid con apenas 25 años para abrirse camino en la publicidad. Formado en la Escuela de Arte Raggio de Buenos Aires, llegó a la capital en 1965 y trabajó como publicista y artista gráfico para distintas agencias. Su sello quedó plasmado en el semanario ‘Cambio 16’, de gran éxito durante el tardofranquismo: además de diagramar la revista, fue el autor de su característica mancheta, con ese 16 fundido con las dos últimas letras de la palabra “cambio”. Más tarde abrió su propia agencia y, a lo largo de su trayectoria, obtuvo prestigiosos premios de diseño gráfico en prensa, como el Ampe de Oro en España (1980 y 1982) y el Rizzoli en Italia (1985).
En 2004 se instaló en Carboneras junto a su esposa, Dora Revinsky. Habían contraído matrimonio en Gibraltar y compartieron 57 años juntos. Nada más llegar, contactaron con la Asociación Levantisca, donde comenzaron a integrarse en el ambiente cultural del pueblo. Allí conectaron de inmediato con artistas y escritores como Mario Sanz Cruz, el farero de Mesa Roldán y autor del retrato que acompaña este texto, y Vidal Hurtado, con quienes participaron en numerosos proyectos y actividades.
Junto a otros amigos, crearon la galería Destellos-Artefacto, un pequeño local que se llenó “de arte y de vida”, recuerda Sanz en un artículo publicado en La Voz de Almería tras el fallecimiento de Pedalino. Aquella iniciativa fue el germen de varios proyectos culturales. También formaron equipo editorial: el farero firmaba los textos y Pedalino diseñaba y maquetaba los libros, lo que cristalizó en publicaciones como Calas de Almería, Voces de Carboneras, El libro del Bicentenario, Quiero comerme el mundo y Lo demás es oscuridad, coordinado por la recordada Pilar Quirosa-Cheyrouze.
En 1999 comenzó a trasladar a la pintura su amplia experiencia como grafista, explorando nuevas técnicas: hollín, betún, barro, arcilla, telas. “Era innovador, muy trabajador, minucioso y creativo. Vivió en una constante lucha por dominar la técnica”, expresa María Ángeles Lonardi, escritora, poeta y profesora, compatriota y amiga de su círculo más íntimo.
Como artista, Pedalino expuso tanto en España como en el extranjero. En Almería, mostró sus obras en espacios de la capital, Roquetas, Níjar y en su querida Carboneras. También dejó su huella en las paredes de las casas de los mineros de Rodalquilar y en los cubos del espigón del puerto carbonero.
Su creatividad se extendió a colectivos como Cactus-Níjar, para los que diseñó logotipos y camisetas, y a proyectos como Rodalquilarte. Además, colaboró con la asociación Amigos del Faro de Mesa Roldán.
Pedalino falleció el viernes 9 de mayo de 2024, a los 84 años, mientras practicaba golf, una de sus grandes pasiones. Carboneras, y por extensión Almería, perdía así a un artista cargado de talento y, ante todo, a una persona excepcional que adoraba a su familia y a sus amigos por encima de todo.
Fotografía de Mario Sanz Cruz.