A tenor del gentilicio de al-Hawwari, que
llevó, debía de ser de origen bereber. Nació en Almería en 1298-99, en
plena época nazarí. Al ser ciego, mantuvo una especial relación con el
también literato Abú Yaáfar ar-Ruayni, de Granada, que actuó como su lazarillo,
siendo ambos conocidos como el Ciego y el Vidente. Compañeros inseparables
("dos almas en un cuerpo", se dice de ellos), Ibn Yábir dictaba
sus obras y ar-Ruayni las escribía.
En su ciudad natal se formó en diversas disciplinas.
Prácticamente en el ecuador de su vida, al rondar los 39 años, en
1337-38, emprendieron un viaje hacia Oriente del que ya no regresarían,
si bien no sabemos si entonces esa era su intención. A su paso por diversas
ciudades, como El Cairo, ambos realizaron estudios. Tras cumplir con el
precepto de la peregrinación, se dirigieron a Siria, donde continuaron
con sus estudios en Damasco. También aprendieron en Baalbakk y en Alepo,
donde se establecieron a partir de 1343. Allí residieron hasta 1346, fecha
en la que se trasladaron a la localidad próxima de Elvira, de donde ya
no se movería Ibn Yábir nada más que para realizar varias veces la peregrinación.
Ibn Yábir acabó por casarse, y los dos amigos
se separaron. Ar-Ruayni, pese a ser unos diez años menor, fue el primero
en morir en enero de 1378 en Alepo, componiéndole Ibn Yábir una sentida
elegía. Ese mismo año, unos 7 meses después, falleció Ibn Yábir cuando
estaba próximo a cumplir los 80 años. Dejó numerosos discípulos.
Siguiendo el gusto de su época, Ibn Yábir
realizó gran número de versificaciones en las materias por las que se interesó:
gramática, léxico, prosodia... En una de sus innumerables obras comentó
El poema de mil versos acerca de gramática del giennense establecido
en Damasco Ibn Málik (m. 1274).
Compuso abundante poesía en la que utilizaba
abundantes recursos retóricos, poesía que fue recopilada en un diván que
no se ha conservado, pero sí nos han llegado fragmentos. Aunque de temática
variada, cultivó con profusión los panegíricos dirigidos al Profeta. En
algunas piezas mostraba la añoranza de su ciudad natal:
¡Qué
lejos ya nuestra vida en Almería!,
sus recuerdos
queridos están escritos en oro.
Aquellas
noches fueron para nosotros un regalo,
pero
luego el destino nos lo arrebató.
¡Dios
mío! No puedo olvidar
mi vida
feliz en Almería.
Viví
allí largo tiempo, y mientras viva,
aumentará
constantemente mi nostalgia.
Pasaron
ya aquellas noches de Almería ...
En ellas
logré mis deseos.
No olvido
aquellas casas, pero el destino
es siempre
el vencedor de los hombres. (Trad. S. Gibert).
También compuso panegíricos a gobernantes.
Uno de ello le valió una recompensa de 20.000 dirhams. Y no falta la poesía
amorosa entre sus composiciones.
Bibliografía:
LIROLA DELGADO, Jorge, con la colaboración
de I. Ferrando (2009), "Ibn Ŷābir al-Hawwārī, Abū ʿAbd Allāh",
Biblioteca de al-Andalus, 6, pp.
18-25 (nº 1321), Almería.