El que fue uno de los principales autores
andalusíes, con gran influencia en el Occidente latino, en el que fue conocido
como Abubacer, se ha tenido como originario de Guadix, si bien, en realidad,
él y su familia eran oriundos de Tíjola (Almería). En Guadix comenzó su
actividad profesional y por eso se le dio el gentilicio de al-Wadiashi,
que lo relaciona con esta ciudad granadina.
Su familia pertenecía a la tribu árabe de
los Banú Qays, que nos consta que estaban establecidos en territorio almeriense
desde los primeros tiempos de al-Ándalus. La prueba de que era árabe la
encontramos en que el califa almohade le encargó un poema con la intención
de convocar y movilizar a las tribus árabes durante los preparativos de
la campaña militar que, en 1170-72, tenía como objetivo reducir a Ibn Mardanish
y controlar el Levante andalusí.
Su padre, Abdalmálik, ejerció como docente
en Guadix y en Almería durante la primera mitad del siglo XII, tras haberse
formado en Almería, Córdoba y Jaén con diversos maestros.
Abú Bakr Ibn Tufayl estudió derecho islámico,
además de medicina, disciplina en la que mostró un gran interés por la
cirugía. Entre sus maestros se citan a ar-Rushati, Abdalhaqq Ibn Atiya
y Abú l-Fadl Ibn Sháraf; todos ellos en Almería.
Durante el gobierno independiente de Ibn
Milhán en la región de Guadix y Baza, en el periodo de las segundas taifas
que se produjo tras la caída del Imperio almorávide, trabajó en esa taifa,
dedicando panegíricos a sus gobernantes. Tras el reconocimiento de la autoridad
almohade en 1151-52, comenzó su relación con esta dinastía bereber, primero
como secretario del gobernador de Granada, el sayyid Abú Saíd Uzmán,
uno de los hijos del califa Abdalmumin, y luego para el que fue el segundo
califa almohade, Abú Yaaqub Yúsuf (g. 1163-84). Fue su visir y su médico
de cámara. Ésta es la época más importante de su vida, pues con este sultán,
célebre por su inclinación al saber, mantuvo una estrecha relación.
Fue Ibn Tufayl quien presentó en la corte
almohade a Ibn Rushd/Averroes y el que le pidió que comentase a Aristóteles,
por el que estaba muy interesado el califa Abú Yaaqub Yúsuf, dada su afición
a la filosofía.
Al fallecer en Marraquech el 16 de diciembre
de 1173, su amigo el jurista y teólogo almeriense Ibn as-Saqr, compuso
una elegía desde Sevilla, donde pasaba largas estancias con el califa,
y se la envió a los hijos del difunto dándoles el pésame.
Hacia el año 1182, a causa de su avanzada
edad, cedió el cargo de médico del califa a Ibn Rushd, entregándose entonces
a una vida de retiro y meditación, en la que, al parecer, también participaba
Abú Yaaqub.
En la campaña de Santarén en 1184, el califa
almohade Abú Yaaqub resultó herido y terminó por fallecer en Sevilla, sucediéndole
su hijo Abú Yúsuf Yaaqub, más conocido como al-Mansur. Ibn Tufayl fue acusado
de haber envenenado al califa difunto y, por temor o, directamente, por
sufrir exilio, se recluyó en su casa de Tíjola. No obstante, cuando falleció
en 1185-86, se encontraba en Marraquech, donde recibió sepultura. A su
sepelio asistió el califa Abú Yúsuf Yaaqub en señal de reconocimiento.
Dejó descendencia, pues conocemos los nombres
de dos hijos: Abú Muhámmad Abdállah, que ejerció de secretario para los
almohades y que compuso una especie de antología geográfico-literaria al
modo de la realizada por al-Hiyari, parecida, por tanto, al Mugrib
de Ibn Saíd; y Abú Zakariyá Yahya, que conocemos por la descendencia que
dejó.
Ibn Tufayl compuso diversas obras, además
de poesía. Se le atribuye una epístola sobre el alma, que no se ha conservado.
Si, ha llegado a nosotros, aunque en mal estado de conservación, parte
de la uryuza (poema nemotécnico en forma de pareados que utiliza el metro
ráyaz) que escribió sobre medicina. Su gran obra, por la que es ahora conocido
y reconocido es la Epístola de Hayy b. Yaqzán sobre los secretos de
la sabiduría oriental o iluminista, más conocida como El filósofo
autodidacta desde que la tradujera al latín Eduard Pococke y fuera
publicada en Oxford en 1671. Esta novela filosófica (se puede calificar
así y en ese sentido es muy innovadora) es la obra clásica árabe más veces
traducida y a un mayor número de lenguas diferentes, solo por detrás de
Las mil y una noches, lo que se entiende a la vista de la riqueza
interpretativa que permite. En una obra breve, eludiendo el escribir un
tratado filosófico que podría haberlo comprometido a él y a su amigo el
califa, Ibn Tufayl trata numerosas cuestiones de especial trascendencia,
en especial desarrolla su particular teoría sobre el conocimiento. Se muestra
pesimista en cuanto a los valores de la sociedad y apuesta por una vida
de retiro contemplativo, como él mismo llevó al final de su vida.
Bibliografía:
PUERTA VÍLCHEZ, J. M.; y LIROLA DELGADO,
J. (2007), "Ibn Ṭufayl, Abū
Bakr", Biblioteca de al-Andalus,
5, pp. 498-503 (nº 1260), Almería.