Este experto almeriense en tradiciones islámicas tuvo una amplia lista de maestros, algunos almerienses y otros foráneos, que recogió en una obra, mencionando las obras que aprendió de ellos y que luego transmitió.
Se destaca de él la fiabilidad de lo que enseñaba, así como su religiosidad y virtud, hasta el punto de que hacía vigilias nocturnas, con prácticas ascéticas y repartía su dinero entre los pobres.
Hubo de abandonar Almería a raíz de la conquista de 1147 y se asentó en Ceuta. Se cuenta que se dedicaba a enseñar hadiz, pero un día que se dirigió a la alquería de Bullones, aldea de Ceuta, bajo de ánimo, la tristeza le atenazó el vientre y a consecuencia de ello falleció. Corría el mes de junio o julio de 1165.