Es una de las figuras más destacadas de la época almorávide de todo al-Andalus. Sus biógragos le dedican gran cantidad de elogios, calificándolo como mar de sabiduría; se destaca de él su capacidad de memorización y sus profundos conocimientos en diferentes materias. Se interesó por la gramática, la historia y las bellas letras, pero ante todo fue un adelantado en la ciencia de los fundamentos y en la exégesis coránica. Descolló especialmente como tradicionista y jurista y se dice que, tras la muerte del cadí Abú l-Walid Ibn Rušd (el abuelo) en 1126, fue uno de los mayores expertos en la doctrina jurídica malikí en al-Andalus junto con el también jurista sevillano Abú Bakr Ibn al-Arabi, coetáneo suyo, si bien algunos lo sitúan por encima de este.
Abú l-Qásim Ibn Ward era hijo de un cairuaní que se estableció en Almería, donde residió hasta su muerte, pero que, a buen seguro, no era conocido como Ibn Ward, pues este sobrenombre se lo debe nuestro personaje a su tío materno. Portaron el gentilicio árabe de at-Tamimi.
Fue en el reino de taifa de Almería, gobernado entonces por al-Mutásim, donde nacieron tanto él como su hermano Abú Marwán Abdalmálik, dedicándose ambos, en un principio, a actividades relacionadas con el floreciente zoco de la ciudad.
Realizó estudios en Almería (entre otros con Ibn al-Murábit, el jurista siciliano Ibn Sábiq y el cadí Abú Ishaq Ibn Áswad al-Gassani), en Córdoba y también en el Magreb. Sabemos también que realizó la peregrinación a los santos lugares del Islam, sin desaprovechar la oportunidad de estudiar con afamados sabios orientales.
Ibn Ward mostró siempre un gran dominio en el arte del debate o de la disputa, en el que solía sorprender sacando un tema nuevo, cuando parecía que se habían tocado todos los puntos.
Fue cadí, según algunos, de Córdoba, aunque algunos lo desmienten. Lo que sí es indubitable es que fue nombrado cadí de Granada en 1126-27, consiguiendo renombre por su fama de imparcial, y más tarde, hacia 1129-30, de Sevilla.
También destacó en la actividad docente, en la que tuvo innumerables discípulos.
Al final de su vida, Ibn Ward regresó a Almería, donde se consagró a la enseñanza y a la emisión de fetuas, hasta fallecer el 26 de febrero de 1146, con unos 72 años.
Escribió diversas obras, además de poesía. De una de ellas, el Comentario de la recopilación de hadices de al-Bujari, se dice que estaba compuesta por 200 volúmenes. Sin duda, la más importante es la titulada Cuestiones jurídicas y sus respuestas, que es la única conservada en varios manuscritos en Marruecos. Se trata de una colección de 93 cuestiones jurídicas que, según el propio autor, le fueron formuladas por varios ulemas mallorquines cuyos nombres no se mencionan. Las cuestiones, planteadas de forma breve y concisa, son de temas muy variados: deudas, herencias, propiedades, orfandad, casamientos, divorcios, transacciones comerciales de objetos, animales o esclavos e incluso una curiosa cuestión sobre apodos peyorativos. Pero también podemos encontrar explicaciones de hadices e incluso de aleyas coránicas, que constituyen los fundamentos del derecho islámico. Pero si breve es el planteamiento de la cuestión, más breve aún tiende a ser la respuesta, expresada siempre de forma directa y escueta. La respuesta más larga y detallada es la que da a la cuestión formulada por el emir almorávide Ali b. Yúsuf b. Tashufín relativa a los bienes habices y las propiedades de los cristianos en al-Andalus.