Fue un gran sabio, que transmitió muchos de sus conocimientos. Se dice que el único que tuvo más discípulos que él en su época fue Ibn Ubaydállah de Canjáyar.
Su familia procedía de Jérica (Castellón). Fue su abuelo Abdállah quien se estableció en Almería en fecha que no sabemos; y en Almería nació su nieto Abdarrahmán a finales de enero o principios de febrero de 1111, que fue conocido como Ibn Hubaysh, patronímico que en realidad hacía referencia a su tío materno.
En Almería vivió buena parte de su juventud y aquí realizó sus primeros estudios. En 1136 se trasladó a Córdoba, donde residió durante tres años estudiando con destacados ulemas del momento. También visitó otros muchos lugares de al-Ándalus, aprendiendo de numerosísimos maestros sobre las más variadas materias.
En 1139 volvió a Almería, y se volcó por completo en el estudio y, seguramente, en la enseñanza de las lecturas coránicas, del hadiz, de lengua árabe y de léxico. Por esta fecha ya debió de haber adquirido un gran prestigio y eran muchos los que viajaban para encontrarse con él y poder transmitir sus conocimientos.
Cuando, el 17 de octubre de 1147, una cruzada cristiana conquistó Almería, Ibn Hubaysh fue testigo del asedio y las luchas que terminaron por rendir la ciudad. Él fue apresado en la Alcazaba, pero en un alarde de ingenio, se dirigió al jefe cristiano, un nieto de Alfonso VII, y le aseguró que conocía toda su genealogía hasta el emperador Heraclio. Una vez que le hubo trazado su línea genealógica, Ibn Hubaysh fue puesto en libertad junto a su familia, y decidió exiliarse, primero a Murcia, donde no pasó más que unos días, y luego a Alcira, donde terminaría residiendo durante doce años, en territorio bajo dominio de Muháammad b. Saad b. Mardanish. Durante este período fue responsable de la oración y del sermón y desempeñó algunos cargos en la administración de justicia.
Hacia 1161 se estableció en Murcia, en cuya Mezquita Aljama fue primero adjunto de los predicadores Abú Abdállah Ibn Saada y Abú Ali Ibn Arib. Más tarde sería él mismo imam y predicador. Se dice que tenía muy buena voz, que era elocuente y que sus discursos eran sobre los más variados temas. Algunos de ellos fueron recogidos por escrito. En 1179-80, ya bajo la dominación almohade, fue llamado a ejercer el cargo de cadí, siendo también muy elogiado por su imparcialidad.
Enfermó el 7 de marzo de 1188 y falleció poco después, a media mañana del jueves 14 de abril. Fue enterrado al día siguiente, viernes, tras la oración, en el cementerio de la puerta de Ibn Áhmad, una de las puertas del Oeste de la ciudad de Murcia, junto a la mezquita de al-Yurf, y pronunció la oración fúnebre ar-Rashid, el emir de la Murcia almohade entonces, lo que nos puede dar una idea de la alta estima que se le tenía. Se cuenta que en su entierro hubo tanta gente como nunca antes se había visto y que se agolpó tanta muchedumbre que muchos estuvieron a punto de morir aplastados.
Dejó escritas diversas obras con la relación de los maestros con los que estudió y las obras que aprendió, así como los sermones que pronunció. También compuso un apéndice al diccionario biográfico del cordobés Ibn Bashkuwal. Pero todas estas obras se han perdido. La única conservada es el Libro de las campañas militares, que trata sobre las guerras que se produjeron durante la época de Mahoma, de la ridda (apostasía de las tribus árabes a la muerte del Profeta) y de las conquistas militares que se produjeron durante los tres primeros califas. Se la mandó componer el califa almohade Abú Yaaqub Yúsuf (g. 1163-84).